domingo, 18 de septiembre de 2016

Vertederos de Los Molinos (2): El Chaparral

Nuestro segundo basurero es otro de los parajes más bellos del pueblo, amenazado a menudo por especuladores deseosos de convertir Los Molinos en otro Galapagar o Villalba, o sea otro esperpento de ladrillo, hormigón y asfalto, además de apropiarse de sus caminos. Al margen de los sacos de pienso esparcidos por doquier, hasta aquí –a El Chaparral– vienen a depositar escombros y otros residuos de construcción, teniendo cerca los puntos limpios tanto de Los Molinos como de Cercedilla.

Hay que preguntarse qué pasa en la cabeza de los que vienen a agredir así al entorno. Es cierto que las placas de uralita con amianto deben ser recogidas por gestores autorizados, por lo tóxicas que son, pero esto en modo alguno justifica tirarlas al campo. En un punto limpio de la comarca (no el de Los Molinos) nos dijeron que hay que machacarlas, pero esto es lo que no hay que hacer, porque libera las fibras que contienen.

De hecho la uralita tendría que haber sido ilegalizada hace muchos años y si nos sigue contaminando es solo por el poder de los lobbies. Ya en el siglo 1 Plinio el Joven había observado que los esclavos que trabajaban con mineral de amianto enfermaban. En 1900 un médico londinense demostró a base de autopsias que respirar fibra de amianto provoca la muerte. Y en los años 50 la enfermedad de mesotelioma en las minas de África del Sur ya estaba perfectamente descrita, pero los fabricantes de amianto fueron financiando estudios para sembrar la duda. Así en España su uso no se prohibió hasta el 2001. Y así nos ha ido con el tabaco, los combustibles fósiles, los pesticidas, los coches diésel, el fracking y otras muchas cosas sin las que seríamos más pobres o menos felices, o eso nos cuentan.

Pero al margen de la responsabilidad de gobernantes corruptos, pedimos por favor que quién tenga uralita u otros escombros, antes de tirarlos al campo, piense en el artículo 45 de la Constitución: “Todos tienen el derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, así como el deber de conservarlo.” Pues eso.